sábado, marzo 21, 2009

134 (Vacas sagradas...las de la India)

Armando Robles Godoy, es cineasta, escritor, músico, poeta y pajero consumado, entre otras perlas que cuelgan de su personalidad. Polémico y con una autoestima que raya con lo inverosímil.

Siempre lo admiré y lo tenía como un referente totémico de lo que tímidamente aspiraba a ser yo, algún día. Solo hasta que lo conocí.

Fue mi profesor en la Escuela de Cine y fue allí donde comencé a reformular mis sentimientos con respecto a él. Dio muestras de su inflamado ego, y aunque solía decir cosas por demás interesantes, decía también, y para mi gusto, algunas otras que lo develaban como el personaje ensimismado en sus conocimientos que tempranamente descubriría.

Se pasaba la mayoría del tiempo citando la ley de Sturgeon que afirma que el 90% de todo lo existente es basura. Por supuesto, él se encontraba en el lado luminoso del porcentaje restante, y nosotros -sus alumnos- reptábamos inútiles intentado salir de la pestilencia.

Otra de las cosas que jamás le soporté, era su queja constante del lenguaje hablado y escrito. Ninguneaba esta forma de comunicación hasta el cansancio. En resumen, el lenguaje le quedaba chico. Irónicamente, es uno de los tipos que más habla en este país, y uno de los que más escribe. La música, el cine o el erotismo, debieran ser, para él, las formas de comunicación por excelencia. Si por el fuera, desterraría la palabra para siempre. Me parece que su búsqueda espiritual y su trascendencia más allá de las grafías significantes y los fonemas, son loables, pero no se puede ser tan mezquino con el que probablemente sea el mayor invento de la humanidad.

Se jactaba de que su cine era para mentes elevadas y dueñas de una sensibilidad inédita. Lo que no sabe, es que otro profesor de la Escuela, el fallecido Pablo Guevara, considerado uno de los mayores poetas de la generación del 50 (junto a Eielson, Belli, Ribeyro y Blanca Varela, nada menos) se negaba a ver y analizar películas de Robles en su clase. Nos contaba que le aburrían en extremo, pero a tanta insistencia nuestra por verlas, accedía, no sin antes advertir que mientras durase la visión, dormiría como un bebé, cosa que hacía con deleite.

Dueño de frases poco gratas, por decir lo menos, como aquella en que se autodenomina no como el mejor cineasta del Perú, sino como el único. Y el sarcasmo que en apariencia encerraba tamaña afirmación, se borró olímpicamente cuando leí otras joyitas salida de su boca.

Fue el domingo 15 de marzo en que fue entrevistado por el diario El Comercio, acerca de los 10 libros que considera como su canon sagrado. Citó a la Biblia, a Vallejo y a Raymond Chandler, entre otros. No dejó de lado a Platón y sus Diálogos, con los que, afirma, aprendió a leer a los 7 años; y a pesar que reconoce haber entendido un porcentaje insignificante (que ya es demasiado para un niño de su edad) parece que sí le quedó clara la ironía socrática. ¡Eureka!, era un maldito genio. Pero lo mejor lo guardó para el final, cuando nombra la novela llamada “Veinte casas en el cielo” y de la que sostiene lo siguiente:
Segunda versión de esta obra editada hace 50 años. Sin duda, la mejor novela peruana de todos los tiempos.

Y a que no adivinan quién es el autor de esa monumental obra: ARMANDO ROBLES GODOY.

La falsa modestia, es un valor que no practico con mucho énfasis, es más, tengo mis arrebatos de autoestima, pero no se me ocurriría jamás, sentenciar indubitablemente una obra de cualquier tipo, como la mejor de todos los tiempos, y menos aún si yo soy el autor. La humildad es un criterio que sí tomo en cuenta, ya que si alguien me dice que le gusta algo que hice, pues lo tomo bien y obvio que le da de comer a mi ego, pero de ahí a vociferar que soy la gran cagada, hay mucha diferencia.

No le niego ningún mérito, y lo que sabía de Amando antes de conocerlo, se concretaba a considerarlo como el autor de una de las películas mejor logradas en nuestra inexistente industria cinematográfica: “La muralla verde”. Acreedor de premios importantes a nivel mundial, empeñoso luchador por la ley de cine, hacedor incansable del arte en general y un provocador neto…

Debí quedarme con esa imagen, pero debe existir algún síndrome que describa el trocamiento de admiración por decepción. Es mejor conformarse con la obra de los que consideramos grandes, y no acercarnos mucho al humano imperfecto que los habita.

Puede considerarse esto, como un homenaje poco convencional, hacía alguien que tampoco lo es. Ahora que ha pasado los 75 años y que su vitalidad está enhiesta, no me queda más remedio que matar su mito y recordarlo en vida, aunque su muerte esté aún lejana.

Por eso, cito una de sus frases que siempre le celebré. Él decía que cuando se enteraba del estreno de una película peruana, era un día de fiesta, pero cuando la veía, era un día de luto.

No sé, Armando, cómo considerar este día, pero mis guiones, al igual que los tuyos, son inalterables. Y eso lo aprendí de ti.

Sigo con el problema de no poder comentar en blogger, ni siquiera puedo hacerlo en mi blog.

domingo, marzo 15, 2009

133

En estos tiempos pre apocalípticos, donde todo se deshiela, se contamina y se pudre gracias al desmadre energético del que hacemos gala; al parecer, hemos tomado recién conciencia.

Existe, de pronto, toda una cultura del ahorro lumínico, acuoso y suntuoso. Todo exceso se condena. El despilfarro de cualquier tipo de energía, es visto como un crimen de lesa humanidad y los mensajes son claros y contundentes: “salvemos el planeta y dejémosle algo a los que vienen”.

Por supuesto, no puedo estar más de acuerdo con ello y me sumo a esta cruzada por la vida de quienes estamos y de los que todavía no. Pero (maldita sea, siempre tengo un PERO) hay algunas cositas que no me voy a tragar así nomás, ni con mayonesa ecológica mediante.

Pasa que tengo la severa sospecha, de que todo este boom, está siendo auspiciado por las grandes industrias. O sea, por los mayores depredadores de materias primas y energías renovables o no del planeta. Las millones de fábricas que se están tragando las entrañas del mundo, en un afán de lucro asqueroso, acumulando fortunas que no podrán ser gastadas en siglos.

Entonces, que nadie pretenda decirme que la cordillera de los Andes se está yendo a la mierda porque dejé enchufado mi cargador de celular, o porque el cambio climático obedece a que me cepillo los dientes con el caño abierto. No me jodan.

Intuyo que con nuestros pequeños sacrificios, les estamos dando a estos señores, los más años posibles de potencia productiva. Les estamos asegurando larga vida a sus calderos para que sigan envenenando cielos, tierras y mares.

Me da mucha risa -por ejemplo- que Bill Gates, tenga como meta que desaparezcan los libros de papel, para que se vuelvan libros electrónicos y así salvar los bosques. Por qué mejor no contrata a miles de desempleados y les paga de su bolsillo, para que reforesten todo el boscaje arrancado. O a ver si los multimillonarios hacen lo mismo y agrupan ejércitos de personas para que limpien todo lo que sus factorías enmierdan y de pasada les dan trabajo.

Ser iluso también vale.

Igual nomás, por una cuestión de principios, trataré en lo posible de apagar luces, desconectar enchufes y cerrar grifos; más pensando en los recibos de fin de mes, pues me niego rotundamente a ser comparsa y tonto útil de las Majors, hasta que estas no apaguen sus fogones y bajen sus llaves generales una vez al mes, cuando menos.

Nota: No sé qué pasa con Blogger que no puedo hacer comentarios pues me sale un mensaje que dice: error en la página, en cambio con wordpress no tengo problemas.

sábado, marzo 07, 2009

132 (Y no es meme)

Me encanta ser un ciudadano de clase media, y no uno de media clase.

Es muy relajante que te hagan piojito; pero, ¿será igual de lindo que te hagan ladillita?

De todos los mediocres, soy el mejor, lo que me salva justamente de la mediocridad.

Me gustan las mujeres de pies bonitos, aunque todo lo demás no me agrade mucho.

¿Por qué el sultán de Brunei tiene 5 mil autos de lujo?, ¿Para qué?

El día que maté a Dios, este cayó en mis brazos; por eso lo llevo cargado siempre, sin saber que hacer con él.

¿Por qué los hombres somos capaces de dar la vida por la mujer que amamos, y sin embargo, no nos tiembla la pirinola para encamarnos con otra Venus?

No tolero a los intolerantes, y eso me convierte en uno de ellos. Lo asumo.

Una mujer bella y dispuesta, es un arma cargada apuntándote a la cabeza.

Mi padre no es el hombre que más quiero sobre la tierra; quizá sea mi hermano.

No estoy seguro si las matemáticas fueron inventadas, o sólo descubiertas por los humanos.

Más que sólo el amor, intuyo que son las pasiones las que mueven al mundo.

No creo que una mujer perdida, sea una pérdida de mujer.

La diferencia entre sexo recreativo y sexo reproductivo, me parece absurda. ¿Acaso no se recrean mientras se reproducen?

Me encanta el vocablo “arrecho”, pues su sonoridad copula perfecto con su significado sexual.

Después de los 90 abriles, la gente debería pagar impuestos por cada año que siga viviendo.

La izquierda de este país, se encuentra al fondo a la derecha.

Hay días en los que amanezco inmortal, y siento que si me aventaran el mundo encima, fácilmente lo pararía, de pechito.

Me rompí la cabeza, más veces de las que mi corazón lo hizo; por lo menos hasta hoy.

No intenten hacer esto en casa, sin la compañía de una botella de ron.

Prefiero los números impares, por eso escribí mi vigésimo primera paparruchada.

martes, marzo 03, 2009

131

Lo que voy a contar a continuación, es absolutamente real. Pasó hace muchísimos años, y no sé que pensar al respecto; sólo sé que sucedió.

Tendría yo unos 7 años cuando unos amigos de mis padres nos invitaron a veranear en la ciudad de Tacna. Fuimos a una playa llamada Boca del río en la que estuvimos algunos días y luego retornamos a la ciudad. Fue allí que conocí a P, la hija de esta pareja de amigos. Calculo que tendría 8 años, de hecho, era mayor que yo en uno o dos almanaques, máximo.

Supongo que habremos jugado a las escondidas, o a las chapadas, quizá matagente, y algunos otros entretenimientos de niños. Pero recuerdo vividamente, que jugábamos cosas destinadas únicamente a los adultos.

Imagino que todo comenzó haciendo de papá y mamá. La cosa es que, de pronto, mi vida sexual se activó con todo el esplendor para el que no estaba preparado. Ella me buscaba y una vez apartados de los grandes, nos entregábamos a rituales extraños, ignotos, esquivos, pero sin duda placenteros.

Recuerdo haber recorrido su cuerpo entero, pues nos despojábamos de nuestras ropas. Las caricias, los besos y los tocamientos, se volvieron un jueguito peligroso y endemoniadamente bueno. Sabíamos que no estaba bien (y no hablo de culpa ni pecado, sino de temor) y que de ser descubiertos, nos iría muy mal; y así sucedió.

Alguna tarde, mientras disfrutábamos del embeleso que significa tocar y ser tocado en tu desnudez corporal, y con la mente brevísimamente arropada de vivencias, fuimos encontrados por su nana. Pero por alguna razón que hasta hoy no entiendo, simplemente nos pidió vestirnos, nos llevó a la cocina y nos sirvió galletas con leche. No sin antes decirnos que los niños no hacían esas cosas.

Bastó aquello para que P, dejase de buscarme. No volvimos a jugar nunca, tampoco hablamos otra vez. Días después nos marchamos con mi familia y hasta el día de hoy no he vuelto a saber de ella.

Talvez, si es que me voy al infierno, de seguro allí la encontraré.