No hay
Es una lástima que en Lima no llueva como se debe. No esa garúa maricona que no moja casi nada pero que jode como la gramputa. Una lluvia de aquellas, un chaparrón estentóreo, acompañado de rayos y truenos que obliguen a la gente a refugiarse en sus casas o en centros comerciales. Pero no, acá en Lima la lluvia sufre de prostatitis y con las justas, gotea. Supongo que deberíamos usar protectores diarios sobre la cabeza, en vez de paraguas.
Es una lástima que en Lima no haya Metro (no sean payasos, me refiero al tren subterráneo, no a los supermercados). El Metropolitano no alcanza y el tren eléctrico tiene para rato hasta que esté operativo. Más allá de lo útil que sería para desentrampar el tráfico, se podrían filmar lindas escenas de persecuciones en películas, con criminales huyendo entre los vagones o parejas haciendo el amor, furtivos en la oscuridad de una estación vacía. Y así.
Es una lástima que tampoco esta ciudad, tenga más túneles. Apenas el de la Herradura y el del óvalo Higuereta. Además de escasos son muy pequeños. Deberían hacer túneles mucho más extensos, con varios carriles e iluminarlos con esa luz amarilla que tanto me gusta y que me lleva como a otra dimensión.
Es una lástima que con el mar acá, abajito, no exista una playa nudista, en la que uno pueda bañarse ‘tolaca’ y disfrutar del desabrigo total y voluntario de quienes así han decidido remojarse. Mujeres en mi caso, sería la voz.
En realidad, hay muchas cosas que le faltan a esta ciudad y otras tantas que le sobran (combis y taxis, por ejemplo), pero lo bueno es que casi todas, con el tiempo, llegarán. Incluso la lluvia, con esto de los cambios climáticos, seguro que llegará.
A que sí.


