miércoles, diciembre 16, 2009

Despropósitos de año nuevo




Otro año que se extingue, y que ha corrido como mechita peligrosa, dejándonos con ganas de seguirle dando para que tenga. Pero bueno, felizmente diosito nos manda uno nuevo, todavía sin abrir. Y es menester de estas fechas, hacer nuestras promesas para con el futuro. Reflexionar sobre lo andado y lo que falta por conquistar. Yo no me puedo quedar al margen de las tradiciones, y es así que, con toda buena onda, me mandé a hacer mi lista de 12 intenciones a cumplir el próximo año

Pásenla lindo y nos vemos en los albores del 2010


Yo prometo:


Gastar menos dinero, cueste lo que cueste

Levantarme a las dos. Total, se sabe que somos bígamos por naturaleza

No decir más mentiras. Juro que esta será la última

Seguir siendo guerrero de Dios para continuar haciéndole la guerra

Alimentar mi espíritu hasta convertirlo en un obeso mórbido de dimensiones colosales, para que no entre más en mi estragado cuerpejo, y librarme por fin de él.

Ser mejor amante, pero sobre todo, mejor queriente

Continuar metiéndole empeño a mi vida, mientras me queden cosas por empeñar

Respetar las normas pero no las marías, ni las juanas, ni las que se llamen de otro modo

Tratar de expiar mis culpas, aunque eso signifique dejar de espiar pulpas; entre otras cosas

Evitar llorar sobre la leche derramada, usando siempre aquel adminículo infame llamado forro

No herir susceptibilidades, sino matarlas. Así ya no sufren

Mantener intactos mis valores, aunque yo no valga un estropeado carajo
Bonus: Me gustaría escuchar a Fito, Calamaro y Arjona, pero escucharlos pidiendo perdón. Pero ese ya es otro cantar.


Felices fiestas, queridas/os míos.

martes, diciembre 01, 2009

Píxel

La foto que observo, por alguna razón, no puedo verla en su dimensión completa. Llega a mi mente, fragmentada en miles de pixeles; decantada en puntos, que solos, no significan nada.


Por momentos, se forma una figura reconocible ante mis palpitaciones que van en aumento, pero no ante mi sentido de la visión. Alguna cerrazón impide clarificar la identidad que yace congelada en el tiempo y en la superficie de aquel papel satinado.


Paso mis dedos por encima tratando inútilmente de palpar detalles que me fijen un derrotero. La huelo, le paso mi lengua y pego mi oreja derecha esperando una respuesta que no llega.


Es inútil. Ya van muchos días intentando descifrarte. Cojo la fotografía y acerco su esquina superior izquierda sobre una vela recién encendida. Y es en ese preciso momento que todo se aclara. Mientras la foto se va encogiendo, te veo. Veo el paisaje de tu sonrisa desvaneciéndose sobre la hoguera azul de mi tristeza.


Soplo con toda mi fuerza y lo único que logro es que se esparzan por el aire, los restos carbonizados de tus cabellos que van cayendo en la habitación, como si nieve…


Entonces, y antes que toques el piso, tomo lo que puedo de ti en una mano, y cierro el puño con vehemencia…


Y hoy, que he salido a caminar en soledad, descubro mi puño cerrado, y me pierdo entre los hierbajos de este malecón agreste que me señala el mar y el horizonte.