jueves, agosto 26, 2010

Poderoso caballero...

La pelea de pasillo de discoteca de ambiente protagonizada por Beto Ortiz y Jaime Bayly, promete seguir polarizando la opinión entre ambos. Algunos defienden a Ortiz, otros a Bayly. Sin embargo para mi, son exactamente la misma porquería. Más allá de sus calidades o miserias como periodistas, ambos han demostrado que como personas, son un par de alimañas con unos rabos de paja, más grandes que las antenas de los canales en los que trabajan (o trabajaban).


Si bien es cierto que Ortiz ha demostrado una bajeza colosal, al hacer pública la ubicación de los departamentos de Bayly, los precios de los mismos, y además, esbozar la idea maliciosa de todo lo que se podría hacer con ese dinero en asistencia social; no es menos cierto que Bayly, detalló con exactitud sus estados financieros en el diario Perú 21. Pero no solo los de él, también nombró qué cantidad de dinero habían recibido de herencia sus hermanos, por parte de su tío fallecido, y en una criminal infidencia, menciona que la fortuna de su madre bordea los 300 millones de dólares. ¡No jodas! Expones a tu madre y la pones a merced de los cacos, y luego lloriqueas porque hacen lo mismo contigo. (El artículo del diario fue escrito antes del malhadado y cizañero reportaje).

Por otro lado, Bayly la emprende contra su amigo personal y dueño del canal 5, Ernesto Schütz Freundt, amenazándolo con investigar las inversiones millonarias que este hizo, al comprar un hotel en las Bahamas, con un supuesto dinero mal habido. Lo siguiente que sucede, es la salida del aire del programa de Ortiz. Ese mismo día, Bayly agradece el gesto de su, nuevamente amigo, Schütz y se olvida olímpicamente del tema del hotel. La maquiavélica extorsión, había dado sus frutos.

Con respecto al pasado judicial de Ortiz, quien fue acusado de pedofilia, cargo del que fue absuelto, a decir de Bayly, no por inocencia, sino por el padrinazgo de Montesinos y los Crousillat, pero sobre todo, por la oportuna intervención abogadil del señor Enrique Ghersi, a la sazón, actual abogado de Bayly, vicepresidente en su plancha presidencial y mejor amigo; me hago la siguiente pregunta: ¿Cómo Bayly cuestiona y condena que Lourdes Flores haya sido abogada de un narcotraficante, y se precia de ser el mejor amigo del abogado de un pedófilo? Y la verdad, no hallo la equivalencia moral entre ambas actitudes.

Demás está decir que Ortiz, es un personaje envenenado por la envidia, ponzoñoso y con un rencor sempiterno que le está pasando factura, amén de haber caído en un vórtice de decadencia periodística, encubierto por una soberbia gorda como su trasero.

Quizá bien merecido se lo tenga, pero las armas que usa Bayly, y el poder que ha demostrado tener, dan un poco de miedo. No me parece bien que un periodista que tan vilmente practica la doble moral y que extorsiona a las personas para lograr sus objetivos, -como lo hizo aquella vez que casi es despedido, y chantajeó al dueño de canal 2, preguntando en voz alta sobre la irregular indemnización que Baruch Ivcher recibió por parte del estado, para luego volver a callar cínicamente, una vez que renovaron su contrato-; pretenda hacerse la víctima y exhibir una conducta honrosa, cuando lo único que logra es emparentarse moralmente con su agresor.

Existen medios para contrarrestar acusaciones que consideramos calumniosas, o amenazantes y mecanismos para denunciarlos, pero el uso y el abuso de poder, es igual de intimidante que la maledicencia y la mala entraña.

Esos son, pues, nuestros líderes de opinión. ¡Ay, mamita!

miércoles, agosto 18, 2010

El don del achoramiento

De un tiempo a esta parte, hay una especie de venerado culto a la calle, o mejor dicho, a los individuos que la poseen, o sea: a los que TIENEN CALLE.


Esa condición, que algunos blasonan como el mayor atributo que alguien podría tener, me está llegando, más que mucho, a la consabida polla. Los más encumbrados representantes de esta logia, son merecedores de extensos reportajes, en los que se hacen latentes, todas las cualidades que implica tamaña bendición.


El haber nacido en hogares disfuncionales, con carencias de toda índole, amén de otras circunstancias poco afortunadas, los ha hecho acreedores de un ingenio descomunal que les ha servido para salir adelante como solo ellos podrían hacerlo. Y no estamos hablando de una madurez repentina, producto de criar a tres o cuatro hermanos menores. No hablamos de haber tenido que estudiar y trabajar en paralelo, o de haber enfrentado enfermedades producidas por el hambre.


No, eso quizá lo hayan pasado, pero forma parte de otra sabiduría, de otro capítulo dignísimo de sus vidas, pero no más grande que el otro, ese del que hablan tanto y del que se enorgullecen hasta atragantarse. Me refiero a la gran pendejada. A la astucia esquinera que tiene asombrado al vulgo. Esas hazañas con las drogas, con las broncas o con los robos. Mientras más drogas probaste, más lleca, más galones. Si te choreaste un par de llantas, tanto mejor. Si embarazaste a una chibola del barrio y te hiciste el recontra huevón, ¡uf!, un maestro. Si tiraste piedras con una pandilla o te reventaste algún cacharro o mitra; si eres faite, ya pues, eres dios.


Si te quedas con el vuelto de más, o tapas con la zapatilla el billete que se le cayó a la viejita, estás listo para una entrevista.


Aunque nada te hace tan admirado, -casi amado- que hablar con jerigonza, replana y lunfardo, todo a la vez. Mientras menos se te entienda, mientras más chabacano, grosero y gesticulador seas, ¡ya no ya!, las reverencias te lloverán copiosas.


Dos de los más conspicuos paradigmas de esta nueva vertiente cultural, de este clan privilegiado son, a no dudarlo, los señores, Jonathan Maicelo y Aldo Miyashiro. Ambos hacen gala de sus virtuosismos con el habla canera, achori, recontra barrunto pe varón, y regalan gracia por doquier


Por eso Miyashiro conduce su programa borracho, cada vez que se le antoja, o falta por la misma razón; y solo él puede hacerlo, porque, ya sabemos, tiene haaaarta calle. Por eso el señor Miguel Barraza, estafa a sus seguidores en sus presentaciones, a las que va intoxicado de alcohol y otras coles, balbucea un par de chistes y se marcha. Y es que también tiene calle. Por esa razón, Kouri hizo su peaje, se la llevó todita y no le pasó nada. Por eso, todos los políticos cuando son preguntados por si alguna vez consumieron alguna sustancia, digamos, indebida, responden, ipso facto, que claro, que tienen calle, que qué se creen. Por eso ‘Melcochita’, habla como habla, porque, adivinen… Por eso, los señoritos bien, siempre buscan su lugar en la masa, porque, fíjate tú, también tienen su cayetano. Alucina.


Todo esto me hace pensar que el resto, los gansos, los idiotas, los palomillas de ventana que no hemos tenido proezas callejeras. Los que apenas hemos jugado a la pelota en la pista, o nos hemos tomado unos tragos en el parque. Los que hablamos, más o menos bien, y que a pesar de ello, tenemos la capacidad de entender aquel metalenguaje tan fascinante que si bien, no nos es ajeno, tampoco nos pertenece. Los que no hacemos aspaviento para comunicarnos con el resto. Los que no nos desinflamos al final de cada frase. Los que no generamos altos niveles de adrenalina en nadie. Los que no inhalamos pegamento en la tribuna de un estadio. Los que la cagamos alguna vez, pero no hacemos guapa virtud de nuestras miserias; creo que estamos varios peldaños abajo en el escalón evolutivo de la supervivencia.


No nos alcanza, ni el estudio, ni las ganas, ni el futuro. Ya nos jodimos, lo que no aprendimos en los vericuetos del callejón, la esquina o la avenida, no se aprende más. Piña, loco, sonaja con roche, ya fuistes causita, aconcientízate nomás y saca la cola en wan, o dedícate a vender productos golosinarios y usa la pensadora pa que no te caiga la parca pe tío, tssss.


Así las cosas, dejo sentada mi admiración y asombro, hacia todos los que me aventajan en el supremo arte del efugio. Sabedor de mis impericias a la hora de los loros, he decido convertirme en un tatuaje achoradazo, para montarme sobre la piel de cualquiera de ellos, y procurarme algo de conocimiento trascendental, para una vida futura, porque en esta ya no me alcanza.


Ja, que cague de risa.