lunes, febrero 23, 2009

130

Cuando decidí dejar el colegio, antes de acabar el último año, renunciando voluntariamente a seguir con esa patraña llamada educación peruana, nunca pensé que para algunos fuera tan importante ese pedazo de papel cartón que certifica inequívocamente que te sabes los nombres de todos los incas, los afluentes del río Huarmey, la tabla del 8 y la capital de algún país africano en guerra, amén de 100 mil gigas más de información vital para seguir con tu vida.

De hecho no conservo -porque nunca los recabé- ningún certificado que pruebe mi asistencia, y mucho menos mi “sapiencia”, en alguna de las tantas frivolidades que decidí aprender, y que por alguna razón, pude empezar, sin que me pidieran como requisito indispensable el papelito de marras.

Hasta hoy, que me dirigí a un instituto de prestigio (¿será que sólo asistí a lugares sin prestigio?) para averiguar sobre una materia que siempre me interesó. Luego de dejar mi identificación en la puerta y de recibir un pase que debía portar visiblemente, me acerqué a la rubicunda señorita, encargada de brindarme la información pertinente. Todo muy lindo, hasta que llegó a la parte de los certificados de estudio. Le conté de mi “problemita” y me dijo que era imposible que me recibieran. Pedí hablar con algún administrador, gerente o cualquier otra persona que no fuese ella, pero resulto inútil.
‘Ojalá pidieran ese certificado para poder morirse’, -pensé-; así sería yo inmortal.

Al salir de allí, me entraron algunas dudas que, felizmente, disipe en seguida.

¿Debería acabar el colegio?: pichula.
¿Debería sacar un certificado falso?: la pinga.
¿Debería, a mis 36 años, aceptar las reglas que tanto tiempo rechacé?: las huevas.

Nunca me he creído un anarquista, pero he tratado en lo posible, de hacer las cosas como yo las siento, y no como las conozco. He logrado resistir a pie firme, algunos mandatos e imposiciones que considero inaceptables; y no he muerto en el intento.
Todavía se puede escapar, un poquito del sistema sin violar las leyes escritas, pero sobre todo, evitando que las no escritas, te lleguen a romper el orto.

Lo bueno, es que ya no tendré que dar examen de admisión, y no tendré que hacer uso de mi cultura de geniograma de diario dominical para ingresar. Tampoco tendré un trabajo decente, pero seguiré siendo un desempleado feliz, y un hereje más feliz todavía.

La miseria económica, nunca podrá hacerme más daño que la miseria moral y la pobreza de ideas. Es muy probable que si tienes algo en la cabeza, puedas tener algo en el estómago.

Es por ello que hace meses que no como...

domingo, febrero 15, 2009

129

Dicen que los hijos son regalos de Dios; bendiciones para quienes han estado ejercitando los órganos de la reproducción. Así entonces, Nadya Suleman, una mujer californiana de 33 años, ha sido multibendecida con ocho criaturitas de Dios de un solo tirón (octillizos), además de otras seis con las que ya había sido regalada anteriormente.

Lo primero que pensé ante la noticia, fue que esta mujer era una perra. Y no por calificarla moralmente, sino por la manera tan animalesca de parir.

Lo segundo que pensé, fue que si realmente, alguien en su sano juicio, pueda considerar eso como una bendición.

Entonces, se me dio por seguir pensando en cómo hará el Gran Padre Celestial, para decidir con este asunto de los niños/regalos/bendiciones. Cómo decidir qué niño nacerá en los caseríos altoandinos del Perú. Cuáles en la Franja de Gaza, y quiénes en las costas de California. Quiénes llegarán con osteogénesis imperfecta, quiénes con hidrocefalia o anencefalia. Cómo elegirá a los que llevarán síndrome de Down, y cuáles traerán una salud de hierro, sólo por dar unos ejemplos.

Algunos dirán que la culpa es de los padres, de los químicos y la radiación y que no se le pueden achacar esas cosas al Justísimo (yo no le achaco nada de nada; ni lo bueno ni lo malo, ni lo peor). Otros -los más- dirán que el Señor obra de maneras misteriosas y que son pruebas que nos manda para redimir en algo, las muchas porquerías que aquí estamos generando.

Pero ¿qué podrán probar un par de siamesas, unidas por el tórax, además de la pericia de los médicos que tardarán 36 horas en separarlas? ¿Qué mensaje divino nos estará enviando con Lakshmi y Lali, las niñas diosas de la India?

También he pensado que qué es eso de andar pensando en cojudeces que no tienen respuesta. Qué es eso de andar desafiando los designios misericordiosos del Gran Creador, omnisciente y omnipresente.

Hay que tener fe nomás, y aceptar el Génesis completito, junto al Apocalipsis, y nos ahorramos toda la huevada de Darwin y compañía. Es mejor así y lo acabo de entender.
Depongo todas mis preguntas y me allano en adelante.

Solo que antes voy a estrellar mi cabeza 50 veces contra el pavimento, pues así será más fácil ver la luz de la verdad, que durante tantos años me había sido negada.

Así sea.


Osteogénesis imperfecta
Anencefalia
Lakshmi
Lali

lunes, febrero 09, 2009

128

Su sexo brillaba como el mar en luna llena. Esa flor barnizada de lujuria, y tibia como una exhalación, lo condujo a la ceguera temporal de la razón, convirtiendo sus sentidos en las armas más poderosas de su opaca existencia.

La tocó delicadamente con sus dedos, como adivinando el terciopelo de un pétalo sin nombre. Desplegó con timidez las texturas de esa piel carmesí, jugando extático a volverse loco, mientras durase el mágico ritual de la impudicia.

Asomando su rostro al placer infinito, deslizó su lengua deslenguada, por aquel insondable paraíso; lúbrico, ámbar, sedoso y anhelante de ser embestido por la bestia de su vesánico deseo.

Tomándose la vida, con el tiempo detenido, descubrió cada pliegue ante sus ojos. Palpó su geografía en braille, y conservó todos los mapas en la punta de un suspiro delirante.

Le hizo el amor con su cara, sus labios, su nariz, su lengua…
No hizo jamás falta, la intromisión viciosa de ninguna reciedumbre fálica y profana. La trémula recompensa de un gemido estentóreo, así se lo indicó.

Presenciar un orgasmo desde su epicentro, sintiéndolo desencadenarse sobre tu propia faz, es tan crepuscular como adictivo. Pero no todas las drogas matan, hay algunas que son vitales, y ante ellas es que me voy a doblegar, como sólo los pobres diablos lo pueden hacer.