Un amigo me contó que no se podía entrar a las comisarías de la ciudad, en polo manga cero, ni en shorts, tampoco en sandalias; y las mujeres con minis, escotes o pantalones muy ajustados. Me costó creerle, pero resulta que no solo es en las comisarías, lo mismo rige para los juzgados; el palacio de justicia, el congreso y supongo que para la mayoría de estamentos del estado.
Yo pensaba que semejante disposición, solo se aplicaba en las iglesias, donde, me guste o no, establecen sus propias reglas morales y quienes quieran asistir, pues las cumplen. Lo que no acepto, es que esa misma violación a mis derechos civiles y a mi libertad, se amplifique a organismos o entes estatales, que paradójicamente, representan la podredumbre más zafia de este país.
Que no me vengan a joder estos pobres diablos, eunucos mentales, oscurantistas y burócratas de la peor estofa, que un día se les ocurrió, mientras se rascaban las bolas, crear un decreto, norma o lo que chucha sea, en el que, oh María purísima, decidieron como es que podía uno acceder a sus espacios, salvaguardando la moral, el pudor y los valores de sus conciudadanos.
O sea, el hecho de asistir a uno de estos lugares, en bermudas o minifalda, violenta y macula la sacralidad de sus instalaciones, las mismas que albergan a tombos coimeros, extorsionadores y asaltantes. O a jueces prevaricadores, chantajistas y corruptos. O a ineptos padres de la patria, ignorantes, dolosos, nepotistas y angurrientos.
Porqué no se van un poquito a la reconcha de su madre.
La ilegal norma, prohíbe el ingreso a mendigos, o los que aparenten serlo, cosa que dilucidará, el buen criterio del guachimán de turno.
Así tenemos que la señora madre de familia, proveniente del AA.HH, los olvidados de dios, llega al juzgado luego de 2 horas de viaje, para indagar sobre la causa que le sigue al malnacido que violó a su hija de 7 años; se quedará en la puerta pues no calza los zapatos cerrados que manda el decreto, que sus viejas y únicas chancletas, son inmorales, bastardas y denigrantes a la majestad de la institución. O aquel campesino que llega desde algún caserío altoandino para seguir le la pista a su proceso entablado contra un hijo de puta que vendió su tierra a un tercero, será impedido de ingresar, pues las ojotas, el pantalón roído y la vetusta camisa, darán justo en el perfil de pordiosero repugnante que por ningún motivo accederá, así se caiga el mundo.
O yo, que en medio de este calor insoportable, llega a chequear un expediente y me prohíben la entrada por estar con un polo sin mangas. Lo más gracioso es que antes, pasó una lady con un polo ceñido, manga cero; y ante mi reclamo, los 2 encargados de la puerta (un tipo y una tipa) me dijeron al unísono que es mujer. Claro, recién me entero que los polos manga cero están proscritos a los hombres (obviamente, los infelices no tiene la culpa de nada, solo cumplen órdenes).
Y así, supongo que pronto ampliarán su adefesio de directriz, a los que no estén bien afeitados, o con legañas, incluso a los que estén transpirando demasiado. Luego seguirán los negros, los gays, las machonas, los poetas y los locos.
Qué lindo mi país, por la puta madre. Me encanta ver como avanza, como progresa y reprime todo vestigio de inmoralidad, aporreando gente por pensar distinto, dándole más y más alas a la iglesia, para desterrar de la faz de la tierra, toda acto de indecencia, como andar con short, por ejemplo.
Qué me la chupen, Cipriani y compañía, pero sobre todo, el brillante hacedor del puto decreto.